Por varios años, Miguelángel Vásquez llevó su propio nombre mientras era la mente detrás de dos proyectos que marcaron pauta en la movida musical caraqueña. Primero fue Katana, una banda “colegial” que atrajo cierto público presentándose en los principales festivales de la ciudad cuando aún ni cumplían la mayoría de edad. Es con el proyecto que le siguió, Pegaso, que Vásquez pudo adentrarse en el campo de la psicodelia y explorar dentro de sí con un proceso compositivo envidiable, mediante el cual el artista tocaba temas de índole existencial y universal mientras inspiraba headbangings con los peculiares riffs de su guitarra. Fue sin duda un gran aprendizaje, y si bien no le dieron el título de estrella consumada con tan solo 24 años, sus trabajos tienen el potencial para volverse álbumes de culto del rock nacional.

En 2016 fue suficiente. La crisis humanitaria y económica del país derrumbó las ganas de Vásquez quien, como millones más, se vio en la necesidad de establecerse en el exterior. Era eso, o la pérdida total de su cordura, necesaria -¿o no?- para su trabajo artístico. Se mudó a Buenos Aires, capital argentina y, para la mayoría, cuna indiscutible del rock en español. Es ahí donde viviendo en las afueras de la ciudad, en una casa propiedad de sus tíos, Miguelángel se encontró con los dioses, con lo macabro, lo místico y, más importante, con lo humano. Desarrolló durante meses su nuevo proyecto al que llamó Herodes, desprendiéndose así de su nombre y de su pasado musical para incursionar en el espiral cósmico del crear cosas nuevas a través del arte sonoro.

En 2017 nos regaló su álbum debut como solista titulado “La Nada y El Sol”. Este material discográfico trabaja temáticas tan oscuras como fascinantes. A continuación los dejamos con lo que pudo decirnos Herodes sobre su nuevo proyecto y su vínculo con el sello La Nueva Lengua, para el cual está redactada esta pieza.

Gracias por darnos la oportunidad de indagar un poco en la génesis de este proyecto y tu nuevo álbum, tengo entendido que no estabas muy cómodo con hablar del material.
¿Es eso cierto?

MV: Jaja, nunca me ha gustado hablar demasiado sobre mi propio material. Siento que las aclaraciones, o las explicaciones, le quitan la magia a la música, que no es más que esa experiencia interna de cada individuo al enfrentarse al arte. Las explicaciones casi siempre están de más. Es como un chiste, que deja de ser gracioso cuando lo explicas.

Hay que hacer la típica pregunta… ¿Por qué Herodes? ¿Está relacionado con Herodes, Rey de Judea?

MV: Más que su relación con el personaje histórico, que obviamente la tiene, lo que buscaba con el nombre era un efecto más irracional que racional. Tiene que ver con el efecto que tiene la palabra ‘Herodes’ en la psique del hombre moderno, las sensaciones que provoca, lo que se dispara en la mente de una persona cuando la escucha. Herodes es conocido como el asesino de los inocentes; me gusta la idea de matar la inocencia. Uno escucha la palabra Herodes y piensa en algún villano, en el hombre poderoso que a la vez es malvado, astuto, corrupto. Lo escogí porque me gusta esa sensación oscura y profunda que genera en el oyente.

¿De dónde viene entonces la relación con la mitología grecorromana, a la cual haces referencia a lo largo del álbum?

MV: Hay cierta conexión entre esa sensación oscura que genera Herodes con lo que generan las imágenes y mitos grecorromanos en la mente. Luego de que el cristianismo se instauró como religión oficial del imperio romano, no pasó mucho tiempo para que las religiones politeístas pasaran a ser consideradas como “paganas”. Los sacrificios, los rituales dionisíacos, el macho cabrío, la sensualidad, el erotismo, la animalidad del hombre pasó a pertenecer a esa parte oscura y prohibida de lo sagrado. En eso tiene mucha relación con Herodes; es esa conexión con el pecado, con lo no-cristiano, con lo malvado desde la perspectiva moral cristiana. En realidad yo no busqué desarrollar una ‘idea’ a lo largo del disco, sino una sensación: esa sensación de lo prohibido.

La Nada Y El Sol – Es una imagen interesante. Se podría decir que son conceptos casi opuestos en términos luminosos. ¿Era ese el propósito? ¿Qué función cumple esa idea dentro del álbum?

MV: Bueno, eso va a depender más que todo del concepto que se tenga de ‘la nada’. Para el budismo, por el ejemplo, la nada es un concepto muy luminoso, blanquecino, donde todo se funde y no hay límites y todo es una misma luz eterna. En cuanto al Sol, nos referimos a algo más concreto, tangible. El Sol ya no es una luz sin límites que se funde en lo eterno, sino es la propia cosa luminosa. Es un cuerpo, con sus límites y temporalidad. Ahora bien, como repito, en el álbum no busqué generar una idea, sino una sensación. El nombre del disco no lo medité, tan solo se me vino a la cabeza un día. Fue lo primero que pensé al despertar. Abrí los ojos, miré el techo de la habitación y esa luz invernal que entraba y bañaba todo el ambiente y ¡Zas! ‘La Nada y El Sol’ atravesó mi cabeza como una flecha apolínea.

¿Cómo inspiró tu nuevo hogar tu trabajo? ¿Ha cambiado el proceso mediante el cual hacías música en el pasado?

MV: Creo que la manera de componer es bastante parecida a como lo hacía en el pasado. Quizá lo que cambió más fue el hecho de que esta vez hice música solo, todo por mi cuenta, y el proceso fue evidentemente mucho más introspectivo que cuando he hecho música con una banda. Además de eso, hay algunas canciones que comenzaron primero por la voz y luego, a partir de ahí, compuse la música, como en ‘Magdalena’. Yo siempre compuse primero la música y luego la letra, pero esta vez estaba como poseído por un demonio que hablaba más que lo que tocaba.

Háblanos del proceso de grabación de este disco. Pudimos leer en La Revista Ladosis que te encargaste de todos los procesos del álbum. ¿Nos podrías contar un poco de eso?

MV: Sí. Básicamente el disco el producto de mi relación con una laptop y una guitarra. No tenía presupuesto para grabar los temas en un estudio, así que lo hice todo desde casa. Conectaba la guitarra a la interface y la grababa. También pasé muchas horas componiendo teclados y pistas midi. Las voces del disco las grabé con el celular. No podía pagarme una sesión en un estudio para grabar las voces, y un día vi mi celular y pensé: “ya va, si alguien hubiese tenido esto hace cuarenta años, probablemente hubiese grabado un disco con él”. Hay que aprovechar tus recursos lo mejor que puedas. Ya después, con la magia de la ingeniería, hice que el disco sonara “decente”, dentro de lo que cabe.

Muchos ritmos diferentes. Canciones como El Rito de La Caverna que contiene evidentes elementos de salsa nos dejan ver la versatilidad rítmica del álbum. ¿Qué influencias y sonidos quisiste explorar en “La Nada Y El Sol”?

MV: Tal como lo dices, es un álbum muy versátil; las influencias son muchas y muy variadas. Quería explorar sonidos muy ‘sensuales’, por decirlo de alguna manera, y a la vez ‘trágicos’. Siempre he tenido esa sensación de que las almas más pesimistas y trágicas son también las más sensibles hacia lo erótico. El sexo tiene algo de trágico, de despersonalización, de muerte. Fue ahí donde empecé a hacer conexiones. Mezclé géneros muy sensuales y eróticos como son el R&B o el blues con otros más trágicos como el vocal jazz o el pop orquestal. También tiene mucho de hip hop, trip hop y, por supuesto, rocanrol. Las influencias pueden ir desde The Doors hasta Kendrick Lammar, desde The Weeknd hasta Guru, pasando por Pink Floyd, Frank Sinatra, Spinetta, The Sound Defects, SURVIVE y hasta Lana Del Rey.

Otra cosa que quería que conversáramos es tu reciente vínculo con el sello La Nueva Lengua, quienes publicaron “La Nada y El Sol”. Sé que eres uno de los artistas fundadores. ¿Puedes contarnos un poco de la propuesta tratando ser objetivo e imparcial tomando en cuenta tu trabajo con ellos?

MV: Ser objetivo e imparcial creo que es imposible teniendo en cuenta que trabajo con La Nueva Lengua. Lo que sí puedo ser es honesto. La Nueva Lengua es un ambicioso proyecto que en estos momentos es un pequeño dando sus primeros pasos. Básicamente somos un grupo de amigos y músicos que decidimos trabajar en equipo y apoyarnos mutuamente. Buscamos el crecimiento y la difusión de música original y de calidad. Es eso, en términos generales. Luego podemos hablar de algunas cosas más específicas y servicios dentro de un mercado, como el publishing, la producción y promoción de artistas, de eventos, de contenido digital, etc.

¿Cuáles son los próximos planes para Herodes? ¿Planeas montar el proyecto en tarimas Argentinas?

MV: Por los momentos Herodes es un proyecto de estudio, al mejor estilo Alan Parsons. Me encantaría montar el proyecto en tarimas, eventualmente. Pero por ahora es sólo un proyecto personal y muy íntimo que ocurre en una pequeña habitación de este planeta. Tengo también otros proyectos en los que ando trabajando, como Pegaso, así que el tiempo y la energía son un poco limitados. Pero sí, espero poder tocar en vivo algo de Herodes.

Muchísimas gracias por tu tiempo, Miguelángel. Para cerrar, ¿cómo invitarías al público que nos lee a escuchar “La Nada y El Sol”? ¿Qué pueden esperar oír?

MV: Creo que la más sincera y directa razón para escuchar ‘La Nada y El Sol’ es que es algo que nunca en su vida habrán escuchado. Tiene muchas influencias, pero sin duda, no se parece a nada que se haya hecho anteriormente. Además, en un material muy honesto y muy bello. Es un trabajo muy noble, que estoy seguro que puede darle un empujón en el ánimo a todo aquel que lo escuche. Eso es todo lo que podría decir.

Gracias a ustedes por la invitación, amigos.

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